El Índice Primario de Sentimiento del Consumidor (IPSC)en Bolivia ha experimentado una transformación drástica en el último trimestre, marcando el fin de un periodo de pesimismo profundo que dominó gran parte de 2024 y 2025. Tras haber tocado un mínimo crítico de 21,1 puntos en julio de 2025 —coincidiendo con picos en la cotización del dólar paralelo y crisis de combustibles—, el índice nacional ha escalado de manera vertical hasta alcanzar los 42,6 puntos en enero de 2026.
Este crecimiento no solo representa una recuperación de la percepción interna, sino que posiciona a Bolivia en una trayectoria de convergencia acelerada con el promedio de Latinoamérica (51,2) y el Global (49,9), reduciendo una brecha que llegó a ser de más de 25 puntos en el pasado cercano.
El motor principal de este cambio se encuentra en el subíndice de Expectativas, que ha sido el primero en cruzar la barrera del optimismo (el umbral de los 50 puntos) para situarse en un sólido 61,5. Este fenómeno es indicativo de un fuerte «shock de confianza» derivado del cambio de gobierno y las nuevas medidas económicas, que han logrado estabilizar las previsiones futuras de las familias.
No obstante, el Índice de Confianza del Consumidor (ICC), aunque ha mejorado significativamente hasta los 34,9 puntos, aún refleja las secuelas de la crisis, indicando que la percepción de la realidad cotidiana todavía transita un proceso de saneamiento.
A nivel regional, se observa un comportamiento diferenciado, pero mayoritariamente positivo entre las ciudades del eje central. Santa Cruz lidera la recuperación de la confianza, manteniendo tradicionalmente una mayor resiliencia en sus indicadores de Inversión, los cuales a nivel nacional han repuntado hasta los 41,5 puntos en enero de 2026.
Por su parte, en La Paz y Cochabamba, si bien las Expectativas son igualmente altas, el subíndice de Empleo muestra una recuperación más cautelosa, situándose en 34,9 puntos a nivel país. Esta disparidad sugiere que, mientras el clima para grandes inversiones se ha desbloqueado rápidamente, la percepción de seguridad laboral y estabilidad de ingresos familiares requiere de un periodo mayor de consolidación para alcanzar niveles de optimismo pleno.
En conclusión, los datos de enero de 2026 presentan un escenario de recuperación reactiva. El país ha pasado de un estado de incertidumbre extrema a uno de esperanza moderada, donde el principal activo actual es la expectativa de mejora futura.
Para los tomadores de decisiones y académicos, el reto inmediato será transformar este optimismo de expectativas en una estabilidad palpable en los subíndices de empleo y situación actual, consolidando así el retorno de Bolivia a la zona de equilibrio económico regional.