Según los datos más recientes del Tracker de Marketing sobre las tendencias de viaje y consumo, la mayoría de los bolivianos parece haber encontrado en su propia sala de estar el mejor destino turístico. Ciudades como Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra lideran esta tendencia de inmovilidad regional, con un 73% y 72% de sus habitantes, respectivamente, decididos a no cruzar las fronteras de su municipio durante los feriados.
Mientras tanto, La Paz se ha convertido en la ciudad de la incertidumbre. Un notable 31% de los paceños aún no sabe si preparará las maletas o si se unirá al bando de los que prefieren el reposo. Esta indecisión refleja un sentimiento generalizado de cautela que atraviesa a todo el país, donde incluso el interés por cruzar fronteras internacionales ha caído a un mínimo histórico del 1%.
Curiosamente, existe una brecha generacional y de género muy marcada en estas decisiones. Mientras que los hombres muestran una mayor predisposición al turismo interno, las mujeres adoptan una actitud más sedentaria, con un 70% optando por quedarse en sus ciudades. A medida que los años pasan, el arraigo se fortalece; los adultos mayores son los más firmes en su decisión de permanecer en casa, alcanzando un rotundo 84% de permanencia.
El mapa del viajero
Para aquellos que han decidido que el Carnaval no se celebra sentado, el mapa de Bolivia muestra rutas muy claras. Cochabamba se consolida como el imán principal del turismo interno, captando al 29% de los viajeros. Le sigue de cerca la capital del folklore, Oruro, que mantiene su vigencia con un 28% de las preferencias gracias a su innegable valor cultural. Por su parte, La Paz y Santa Cruz completan el cuadro de los destinos favoritos, demostrando que, a pesar de las crisis, el deseo de conectar con nuestras raíces y con nuevos paisajes sigue latente en casi una cuarta parte de la población nacional.
Entre ch'allas y el silencio del hogar
¿Qué haremos los bolivianos durante estos días de fiesta? La respuesta es, mayoritariamente, descansar. El 54% de la población nacional busca desconectarse de la rutina diaria sin salir de casa, un plan que alcanza su máxima expresión en Santa Cruz de la Sierra. Sin embargo, el occidente boliviano mantiene una conexión inquebrantable con lo espiritual. En El Alto y La Paz, la actividad estrella sigue siendo la ch’alla y los ritos tradicionales, una práctica que involucra al 32% de sus habitantes y que contrasta con el apenas 7% que se registra en las tierras bajas.
Cochabamba, por su parte, se perfila como la ciudad más dinámica y social. Es el epicentro de las reuniones privadas, los encuentros con amigos y el interés por las entradas folklóricas. Además, los cochabambinos son quienes más buscan el «escape del bullicio», prefiriendo retirarse a lugares tranquilos fuera del entorno urbano para recargar energías (20%).
Presupuesto carnavalero
El factor económico es, sin duda, el gran protagonista silencioso de este año. El Carnaval 2026 está marcado por una austeridad preventiva: el 42% de los bolivianos planea gastar menos que el año anterior. La Paz (53%) y Cochabamba (50%) son los estandartes de este ahorro, con más de la mitad de sus ciudadanos ajustándose el cinturón. En el otro extremo, Santa Cruz muestra una mayor resiliencia, con un 38% de su población dispuesta a mantener el mismo nivel de inversión que en 2025.
A pesar de este clima de ahorro, hay nichos de optimismo. Los jóvenes de entre 18 y 29 años son los más dispuestos a tirar la casa por la ventana, siendo el segmento que más proyecta incrementar su gasto (24%). Asimismo, los hombres (21%) mantienen una intención de inversión superior a la de las mujeres (14%), representando una oportunidad clave para el sector comercial en medio de un panorama de prudencia financiera.
Las sombras de la fiesta
No todo es celebración; la preocupación también tiene su lugar en la mente del ciudadano. El exceso de consumo de alcohol es la inquietud número uno a nivel nacional, señalada por el 37% de la población como el principal detonante de problemas sociales. A esto se suma el temor por la seguridad ciudadana y la delincuencia, que mantiene en alerta al 26% de los bolivianos. Otros factores como el clima impredecible y el aumento de costos en servicios y transporte también pesan en la balanza de quienes aún no deciden cómo vivirán estas fechas.
En definitiva, el Carnaval 2026 se vivirá con un espíritu de resiliencia y cautela, donde el hogar se convierte en el refugio principal ante la incertidumbre económica y las preocupaciones sociales. Aunque las tradiciones de la ch’alla persisten en el occidente y las ganas de celebrar impulsan a los más jóvenes, el país parece priorizar el descanso y la seguridad sobre el derroche de años anteriores. Será una festividad para reconectar con lo esencial, cuidando el bolsillo, pero manteniendo encendida la llama de nuestra identidad cultural.